No estoy especialmente encabronado con nada, lo reconozco, pero no es bueno echarse a dormir en la complacencia, más que nada porque en esos casos se sueña poco, y es mejor irse a la cama con la cabeza revuelta, que el velo de los sueños da a veces respuestas interesantes.
Que no esté encabronado, eso sí, no significa que no haya cosas que merezcan un poco de jarabe de estoque, de mala baba y de retranca. Así que empecemos por un concepto que, actualmente desde el ámbito político, está llenando las tertulias mañanera de las emisoras de radio: la hipocresía. Es un concepto lato, que nos salpica a todos. Si alguien tiene cojones de decirme que no ha sido hipócrita ni una sola vez en su vida, que se vea conmigo a la una de la tarde, a la sombra de los muros del palacio de Treville. Pero no voy a hablar de política, o más bien del PP, cosa que me encanta: sin las tribulaciones maquiavélicas del PP, no sería ni la mitad de feliz de lo que lo soy ahora mismo. Voy a hablar de la hipocresía de calle, de la de "yo te ayudo, descuida" pero el marrón es para tí. De la de "te cuento esto para no pisar tus competencias" pero se me afila la lengua cuando aún está caliente tu silla. Y repito, no es que yo no sea hipócrita, no estoy criticando, ni lanzando la primera piedra, ni nada parecido. Es simplemente que no dejo de sorpenderme de lo falsos que podemos llegar a ser. Que a veces es útil, no lo discuto.
No bajeis la guardia, más aún, fingios descubiertos.
Que no esté encabronado, eso sí, no significa que no haya cosas que merezcan un poco de jarabe de estoque, de mala baba y de retranca. Así que empecemos por un concepto que, actualmente desde el ámbito político, está llenando las tertulias mañanera de las emisoras de radio: la hipocresía. Es un concepto lato, que nos salpica a todos. Si alguien tiene cojones de decirme que no ha sido hipócrita ni una sola vez en su vida, que se vea conmigo a la una de la tarde, a la sombra de los muros del palacio de Treville. Pero no voy a hablar de política, o más bien del PP, cosa que me encanta: sin las tribulaciones maquiavélicas del PP, no sería ni la mitad de feliz de lo que lo soy ahora mismo. Voy a hablar de la hipocresía de calle, de la de "yo te ayudo, descuida" pero el marrón es para tí. De la de "te cuento esto para no pisar tus competencias" pero se me afila la lengua cuando aún está caliente tu silla. Y repito, no es que yo no sea hipócrita, no estoy criticando, ni lanzando la primera piedra, ni nada parecido. Es simplemente que no dejo de sorpenderme de lo falsos que podemos llegar a ser. Que a veces es útil, no lo discuto.
No bajeis la guardia, más aún, fingios descubiertos.